¡¡Bienvenido/a, mi queridísimo lector a la hora que sea que estés leyendo!!
Hola,
miércoles lluvioso.
En mi
entrada anterior comenté que mi próxima publicación sería sobre el Alzheimer
por ser un tema muy relacionado con mi entorno, pero, debido a que el día 10 de
octubre fue el día de la Salud Mental, he decidido cambiar de opinión y
enfocarla en eso.
En primer
lugar, quiero explicar un breve resumen de la evolución de la Salud Mental para
centrarme, aprovechando la explicación del II Plan Integral de Salud Mental de
Andalucía (PISMA, en adelante) en la variable del género. Tras un breve
análisis de cómo afecta y cómo repercute socialmente, quiero dedicar espacio a
la estigmatización, rechazo y prejuicio que predomina en la actualidad a nivel
mediático y social.
Tras la
lectura del III PISMA, he podido ver de una manera muy simplificada la evolución
histórica del objeto de la entrada y voy a compartirla.
El inicio se
puede situar, en la creación del Instituto Andaluz de la Salud Mental (IASAM)
donde se diseña como red integrada en el sistema general (es de especial
mención la Reforma Psiquiátrica pero no quiero excederme en contar una “bola”
cuando no es el fin). Se crean los primeros dispositivos de atención
especializada y se considera la Atención Primaria como la principal puerta de
entrada de la mayoría de los pacientes. La finalidad en los inicios era el cese
de los hospitales psiquiátricos, pero no bastó con la creación del IASAM, y en
un periodo de diferencia considerable, a la vez que desaparece se aprueba el
primer PISMA, siendo el detonante con el que se puso fin a los hospitales
psiquiátricos públicos; se crean las comunidades terapéuticas y FAISEM
(Federación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con
Enfermedad Mental). Y eso ya suponía una gran revolución pues se considera la
inclusión en todos los ámbitos. Con el Plan, se implantan los Procesos
Asistenciales Integrados (PAI) donde se recogen distintas formas de intervenir,
actuaciones de profesionales que forman parte del proceso, escalas
diagnósticas, etc. Según la patología, hablamos de PAI ansiedad, depresión,
somatizaciones; trastorno de la conducta alimentaria; trastorno mental grave…
Y esa
primera etapa del I PISMA culmina con la aprobación del Decreto 77/2008, de 4
de marzo, de ordenación administrativa y funcional de los servicios de Salud
Mental en el ámbito del Servicio Andaluz de Salud, por el que se regula la
Salud Mental como parte de los Servicios Médicos de Atención Primaria y
Especializada.
Se trata de
normalizar los dispositivos que se crean y evitar que la atención se fragmente,
considerando como la principal puerta de entrada a este campo, la atención
primaria, desde la cual se articule la atención integral.
(Recoge en
el art.11, sección primera, del Cap.III Atención
Especializada la figura del Trabajador
Social como profesional integrante de los dispositivos asistenciales de
atención (o especializada) a la salud mental).
Quiero hacer
un inciso para enfatizar la presencia de la figura del trabajador social pues
es crucial durante todo el proceso de intervención y hacia la recuperación,
desde la elaboración de PIA, PIT (Plan Individualizado de Tratamiento), gestión
de recursos (pensiones, prestaciones, servicios, etc.), intervenciones
grupales, y todo ello trabajando en red con el resto de organismos y
profesionales.
Luego tiene
lugar la aprobación del II PISMA (2008-12) en el que se introduce, (por primera vez),
la perspectiva de género en salud mental, como herramienta para detectar
las desigualdades entre mujeres y hombres y como éstas influyen en el
equilibrio emocional y la salud mental de las personas.
Y es justo en esto dónde me quiero
detener, pero antes he de decir que, actualmente se encuentra vigente el III PISMA (2016-20), que “parte de un análisis de situación que pone
de manifiesto la importancia epidemiológica de los problemas de salud mental,
con un 25% de prevalencia y siendo el cuarto problema de salud en cuanto a
carga de enfermedad de nuestra Comunidad Autónoma (el segundo en el caso de la mujer); con una larga evolución en la
mayoría de los casos, especialmente los más graves, en los que son necesarios
esfuerzos complejos e intersectoriales, incluida la necesidad de cuidados
familiares.”
(Los datos que a continuación
explico son muy resumidos y extraídos de un curso especialista que hice y si
alguien quiere tenerlo puedo decirle autores y etc. sin problema)
La cuestión
de género no ha sido estudiada desde la medicina sino de las ciencias sociales como
respuesta al lastre institucionalizado que predominaba en la sociedad.
Por ejemplo,
como muestra de lo dicho, los estudios psicofármacos, para ver si funcionaban
hacían muestras en varones ya que no tenían la menstruación (así, había una
variable menos). Fue a raíz del 1993 cuando se empezaron a utilizar muestras
igualitarias.
En realidad,
existen cuestiones socioculturales que nos llevan a deducir que hay una serie
de desigualdades en salud mental:
1) El tiempo
invertido en cuidar la salud es mayor en el género femenino que masculino,
prueba de ello tenemos la tasa de envejecimiento.
2)
Hipermortalidad juvenil, donde hay una mayor tasa de muerte adolescente
masculina.
3) La
esperanza de vida es mayor en mujeres que hombres.
4) Los
cambios sociales y avances tecnológicos traen consigo la investigación y
aparición de nuevas enfermedades que recaen, la mayoría de ellas en mujeres.
5) La
morbilidad psiquiátrica es mayor en mujeres casadas, aumenta la depresión y en
hombres cuando están solteros.
No es locura
decir que el desarrollo psicológico humano tiene particularidades diferenciales
según el género (la esquizofrenia, por ejemplo, se desarrolla más tarde en
mujeres).
Luego, la
vivencia psicológica y física de la reproducción y de la paternidad/maternidad
es diferente en hombres y mujeres. Hay trastornos que solo afectan a mujeres
como el Trastorno disfórico premenstrual o el síndrome postparto.
La
morbilidad psiquiátrica en salud mental también es mayor en las mujeres pues
acuden más, en el caso de los hombres, a los servicios de urgencias.
El hecho de
considerar estos datos ha llevado a que se estudien ciertos trastornos o
patologías según la variable del género o que sean excluidas para determinados
ensayos clínicos.
Yo poco
puedo opinar sobre estudios con pacientes del mismo (o distinto) sexo o ensayos
clínicos, pero creo que el estudio de un trastorno compartido entre hombres y
mujeres debería realizarse con intervenciones sistematizadas e idénticas para
luego extraer conclusiones generales y específicas, observando en qué medida
las variables utilizadas responden de distinta manera según el género.
A continuación,
voy a dar unos datos extraídos de Una Guía Para Familiares, realizada por la
Federación Murciana de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad
Mental:
“- El 25% de
la población sufre un trastorno mental a lo largo de su vida”
“- 450
millones de personas en el mundo tienen una enfermedad mental”
“- El 12.5%
de todas las enfermedades son mentales”
“- El 22% de
la población padece episodios de ansiedad y depresión a lo largo de su vida”
“- El 1% de
la población desarrolla alguna forma de esquizofrenia”
“- Entre el
70% y el 80% de las personas con enfermedad mental están en desempleo”
El empleo es
el principio de todo. A nivel personal te enriquece y ves resultados de lo que
tú mismo haces. Conoces a otras personas. Inviertes tiempo, de todo el que
tenemos, y te organiza los días. Si ya es difícil encontrar empleo, imagínate
que te condicione ésto y ya no sólo tienes que convencer al entrevistador de
que eres bueno, si no de que, además, “no eres peligroso”, y eso, si en el
mejor de los casos te hacen la entrevista.
Según el
Instituto Nacional de Estadística (2014) en “el empleo de las personas con discapacidad”, 1.335.100 personas de
edades comprendidas entre los 16 y los 64 años y residentes en hogares
familiares tenía certificado de discapacidad en 2014 (siendo el 4.4% del total
de la población española en edad laboral).
El 38% de
personas con discapacidad reconocida eran activos y la tasa de paro era del
32,2% (siendo este dato muy superior en comparación con la población sin
discapacidad).
Y ya, para
finalizar, quiero decirte que, al igual que en otros temas en los que se quiere
“convencer o argumentar” una posición (política, fútbol…), no tenemos por qué
ser expertos en el tema para romper con los estereotipos que les crucifican.
Sin ir más lejos, Internet te enseña la Salud Mental como lo peor, basta con
escribir cualquier trastorno, en el buscador (p, e. depresión) y señalar la
opción de imágenes.
Puedes ver
titulares de prensa y leer sin sorprenderte como un delincuente tras el acto es
diagnosticado de algún trastorno, y quizás no lo tenga, y sea su propia
naturaleza la que le impulsara a hacerlo, y seguramente, habrá otros, que sí lo
tenga.
Por último, quiero pedir disculpas porque en la introducción
comenté que quería centrarme en la variable del género, pero son tantos los
temas que quería reflejar que no se si hubiera sido mejor centrarme en uno y
explotarlo más, a ser breve y dar visión general.
Sea como sea, eliminar los prejuicios y estereotipos sí que
está en nuestras manos y es una pena que esto se recuerde en días como el 10 de
octubre.