miércoles, 12 de octubre de 2016

Salud Mental





¡¡Bienvenido/a, mi queridísimo lector a la hora que sea que estés leyendo!!


 





Hola, miércoles lluvioso.

En mi entrada anterior comenté que mi próxima publicación sería sobre el Alzheimer por ser un tema muy relacionado con mi entorno, pero, debido a que el día 10 de octubre fue el día de la Salud Mental, he decidido cambiar de opinión y enfocarla en eso. 

En primer lugar, quiero explicar un breve resumen de la evolución de la Salud Mental para centrarme, aprovechando la explicación del II Plan Integral de Salud Mental de Andalucía (PISMA, en adelante) en la variable del género. Tras un breve análisis de cómo afecta y cómo repercute socialmente, quiero dedicar espacio a la estigmatización, rechazo y prejuicio que predomina en la actualidad a nivel mediático y social. 

Tras la lectura del III PISMA, he podido ver de una manera muy simplificada la evolución histórica del objeto de la entrada y voy a compartirla. 

El inicio se puede situar, en la creación del Instituto Andaluz de la Salud Mental (IASAM) donde se diseña como red integrada en el sistema general (es de especial mención la Reforma Psiquiátrica pero no quiero excederme en contar una “bola” cuando no es el fin). Se crean los primeros dispositivos de atención especializada y se considera la Atención Primaria como la principal puerta de entrada de la mayoría de los pacientes. La finalidad en los inicios era el cese de los hospitales psiquiátricos, pero no bastó con la creación del IASAM, y en un periodo de diferencia considerable, a la vez que desaparece se aprueba el primer PISMA, siendo el detonante con el que se puso fin a los hospitales psiquiátricos públicos; se crean las comunidades terapéuticas y FAISEM (Federación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental). Y eso ya suponía una gran revolución pues se considera la inclusión en todos los ámbitos. Con el Plan, se implantan los Procesos Asistenciales Integrados (PAI) donde se recogen distintas formas de intervenir, actuaciones de profesionales que forman parte del proceso, escalas diagnósticas, etc. Según la patología, hablamos de PAI ansiedad, depresión, somatizaciones; trastorno de la conducta alimentaria; trastorno mental grave… 

Y esa primera etapa del I PISMA culmina con la aprobación del Decreto 77/2008, de 4 de marzo, de ordenación administrativa y funcional de los servicios de Salud Mental en el ámbito del Servicio Andaluz de Salud, por el que se regula la Salud Mental como parte de los Servicios Médicos de Atención Primaria y Especializada.
Se trata de normalizar los dispositivos que se crean y evitar que la atención se fragmente, considerando como la principal puerta de entrada a este campo, la atención primaria, desde la cual se articule la atención integral. 

(Recoge en el art.11, sección primera, del Cap.III Atención Especializada la figura del Trabajador Social como profesional integrante de los dispositivos asistenciales de atención (o especializada) a la salud mental).
Quiero hacer un inciso para enfatizar la presencia de la figura del trabajador social pues es crucial durante todo el proceso de intervención y hacia la recuperación, desde la elaboración de PIA, PIT (Plan Individualizado de Tratamiento), gestión de recursos (pensiones, prestaciones, servicios, etc.), intervenciones grupales, y todo ello trabajando en red con el resto de organismos y profesionales.

Luego tiene lugar la aprobación del II PISMA (2008-12) en el que se introduce, (por primera vez), la perspectiva de género en salud mental, como herramienta para detectar las desigualdades entre mujeres y hombres y como éstas influyen en el equilibrio emocional y la salud mental de las personas.
Y es justo en esto dónde me quiero detener, pero antes he de decir que, actualmente se encuentra vigente el III PISMA (2016-20), que “parte de un análisis de situación que pone de manifiesto la importancia epidemiológica de los problemas de salud mental, con un 25% de prevalencia y siendo el cuarto problema de salud en cuanto a carga de enfermedad de nuestra Comunidad Autónoma (el segundo en el caso de la mujer); con una larga evolución en la mayoría de los casos, especialmente los más graves, en los que son necesarios esfuerzos complejos e intersectoriales, incluida la necesidad de cuidados familiares.”
(Para mayor información os dejo aquí el siguiente enlace)
             
(Los datos que a continuación explico son muy resumidos y extraídos de un curso especialista que hice y si alguien quiere tenerlo puedo decirle autores y etc. sin problema) 

La cuestión de género no ha sido estudiada desde la medicina sino de las ciencias sociales como respuesta al lastre institucionalizado que predominaba en la sociedad. 

Por ejemplo, como muestra de lo dicho, los estudios psicofármacos, para ver si funcionaban hacían muestras en varones ya que no tenían la menstruación (así, había una variable menos). Fue a raíz del 1993 cuando se empezaron a utilizar muestras igualitarias. 

En realidad, existen cuestiones socioculturales que nos llevan a deducir que hay una serie de desigualdades en salud mental:
1) El tiempo invertido en cuidar la salud es mayor en el género femenino que masculino, prueba de ello tenemos la tasa de envejecimiento.
2) Hipermortalidad juvenil, donde hay una mayor tasa de muerte adolescente masculina.
3) La esperanza de vida es mayor en mujeres que hombres.
4) Los cambios sociales y avances tecnológicos traen consigo la investigación y aparición de nuevas enfermedades que recaen, la mayoría de ellas en mujeres.
5) La morbilidad psiquiátrica es mayor en mujeres casadas, aumenta la depresión y en hombres cuando están solteros. 

No es locura decir que el desarrollo psicológico humano tiene particularidades diferenciales según el género (la esquizofrenia, por ejemplo, se desarrolla más tarde en mujeres).
Luego, la vivencia psicológica y física de la reproducción y de la paternidad/maternidad es diferente en hombres y mujeres. Hay trastornos que solo afectan a mujeres como el Trastorno disfórico premenstrual o el síndrome postparto. 
La morbilidad psiquiátrica en salud mental también es mayor en las mujeres pues acuden más, en el caso de los hombres, a los servicios de urgencias.

El hecho de considerar estos datos ha llevado a que se estudien ciertos trastornos o patologías según la variable del género o que sean excluidas para determinados ensayos clínicos.

Yo poco puedo opinar sobre estudios con pacientes del mismo (o distinto) sexo o ensayos clínicos, pero creo que el estudio de un trastorno compartido entre hombres y mujeres debería realizarse con intervenciones sistematizadas e idénticas para luego extraer conclusiones generales y específicas, observando en qué medida las variables utilizadas responden de distinta manera según el género.

A continuación, voy a dar unos datos extraídos de Una Guía Para Familiares, realizada por la Federación Murciana de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental:
“- El 25% de la población sufre un trastorno mental a lo largo de su vida”
“- 450 millones de personas en el mundo tienen una enfermedad mental”
“- El 12.5% de todas las enfermedades son mentales”
“- El 22% de la población padece episodios de ansiedad y depresión a lo largo de su vida”
“- El 1% de la población desarrolla alguna forma de esquizofrenia”
“- Entre el 70% y el 80% de las personas con enfermedad mental están en desempleo”

El empleo es el principio de todo. A nivel personal te enriquece y ves resultados de lo que tú mismo haces. Conoces a otras personas. Inviertes tiempo, de todo el que tenemos, y te organiza los días. Si ya es difícil encontrar empleo, imagínate que te condicione ésto y ya no sólo tienes que convencer al entrevistador de que eres bueno, si no de que, además, “no eres peligroso”, y eso, si en el mejor de los casos te hacen la entrevista.

Según el Instituto Nacional de Estadística (2014) en “el empleo de las personas con discapacidad”, 1.335.100 personas de edades comprendidas entre los 16 y los 64 años y residentes en hogares familiares tenía certificado de discapacidad en 2014 (siendo el 4.4% del total de la población española en edad laboral).

El 38% de personas con discapacidad reconocida eran activos y la tasa de paro era del 32,2% (siendo este dato muy superior en comparación con la población sin discapacidad).

Y ya, para finalizar, quiero decirte que, al igual que en otros temas en los que se quiere “convencer o argumentar” una posición (política, fútbol…), no tenemos por qué ser expertos en el tema para romper con los estereotipos que les crucifican. Sin ir más lejos, Internet te enseña la Salud Mental como lo peor, basta con escribir cualquier trastorno, en el buscador (p, e. depresión) y señalar la opción de imágenes.
Puedes ver titulares de prensa y leer sin sorprenderte como un delincuente tras el acto es diagnosticado de algún trastorno, y quizás no lo tenga, y sea su propia naturaleza la que le impulsara a hacerlo, y seguramente, habrá otros, que sí lo tenga.

Por último, quiero pedir disculpas porque en la introducción comenté que quería centrarme en la variable del género, pero son tantos los temas que quería reflejar que no se si hubiera sido mejor centrarme en uno y explotarlo más, a ser breve y dar visión general.
Sea como sea, eliminar los prejuicios y estereotipos sí que está en nuestras manos y es una pena que esto se recuerde en días como el 10 de octubre.




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