¡¡Bienvenido/a, mi queridísimo lector a la hora que sea que
estés leyendo!!
Tras varias publicaciones me doy cuenta de la complejidad que
tiene actualizarlo cada lunes, lo cual me lleva a pensar dos cosas, una, que mi
vida puede ser ya demasiado monótona y otra, que no tenga imaginación o
experiencia para poner en marcha esta red. Me consuela que por ahora las ideas
no me faltan, aunque puede que sí argumentos para desarrollarlas.
Llevar un número considerable de entradas publicadas me ha
hecho reflexionar en que escribo demasiado en negativo, algo que, a pesar de
ser innato a la condición del ser humano, tiene el componente extra del “error”
práctico de la profesión. Sin embargo, como no quiero que lo anterior sirva de
excusa para mi negatividad hoy quiero dedicar mi entrada a la gran labor que
realizan las cuidadoras no profesionales. Y lo digo en femenino porque son en
su mayoría, las mujeres quienes se encargan de tal tarea.
Decía la Ley que las prestaciones económicas de cuidados en
el entorno familiar (PECEF), iban a ser concedidas de manera excepcional y
todos sabemos que no fue así. Pero como no quiero escribir en negativo con
respecto a la mala gestión de la ley, voy a desviar drásticamente el tema.
Para mí, los cuidadores son los olvidados de la dependencia,
más aún que la figura del asistente personal (que ya es decir). Creo que es una
forma rápida de “quitarse” personas y recursos. Con una prestación miserable,
que a veces, sirve milagrosamente como sustento familiar, pese a los recortes
sucedidos en los últimos años.
Qué sucede entonces, pues que las campañas, las sensibilizaciones,
las promociones…etc (muy acompañadas del postureo social, lo cual se merece otra entrada ya que en esta no quiero meter nada que sea más o menos negativo) que van dirigidas a personas cuidadoras son “oídas” por
ellas mismas, en su mayoría. Quiero decir, están geniales, porque siempre habrá
algunos que no conozcan mucho el tema y empaticen a raíz de dichas actuaciones
con la figura del cuidador, y que los que lo son, utilizan tal medio para
conseguir un mayor reconocimiento y visibilización en la sociedad. Pero en sí
mismas, decirle por ejemplo, a un cuidador que tiene sobrecarga, ¿de qué vale?
Entonces, ¿habrá que acompañar todas esas actuaciones con ejecuciones después,
no?
Los Centros de Salud realizan actividades de apoyo a
cuidadores no profesionales, algo que está más que bien porque hacer grupos con
personas que comparten casi que los mismos intereses acaba siendo casi que un
grupo de autoayuda. Pero eso es lo que digo, ese grupo se queda ahí. Luego, esa
mujer cuidadora cuando llega a su casa es otro contexto en el que posiblemente
no comprendan la gran complejidad de cuidar, la carga psicológica y social que
supone. Además, ya no solo es el agotamiento físico o psicológico, también genera dependencia, sobretodo si la persona ha estado
como figura de cuidador bastante tiempo. Hay que tener en cuenta, que numerosas
horas del día están distribuidas y organizadas para atender las actividades
básicas de la persona en situación de dependencia, lo que genera un cierto
enganche, haciendo que el cuidador dependa de la persona a la que cuida. En
este caso, ante el fallecimiento del dependiente es la persona cuidadora la que
tiene un alto riesgo de sufrir un duelo más complicado que el resto de
familiares.
Lo que pretendo con esta entrada es reivindicar el rol del
cuidador como una figura súper importante en la dependencia. Como grandes
luchadores. Que, aunque exista el riesgo de claudicar, antes de eso, habrán
hecho todo lo posible por evitarlo. Aunque la sociedad no comprenda todavía cual
es vuestra función, y que con lo fácil que es no lo consideren ni un trabajo, ignorad
esas palabras, pues nadie sabe, excepto el que lo vive y el que maneja el tema,
lo que es. Y por supuesto, la gran recompensa a nivel personal y satisfacción,
el contribuir a una mejor calidad de vida al familiar en situación de
dependencia.